
Hay veces en las que me gusta escuchar música, que me gusta hacer malabarismo, que me gusta leer. Hay veces en las que me gusta conversar y en las que no. Hay veces en las que me gusta mirar, sacar fotos. Veces en las que me gusta estar con personas por el solo hecho de tenerlas cerca y las que no. Hay veces en las que me gustan los pañuelos, las cabritas, los chester o tocar algún instrumento, piano, guitarra, bajo, lo que sea. Hay otras en las que me gusta soñar. Soñar puede ser malo o bueno dependiendo del futuro y de la propia tolerancia a la frustración. Soñar no cuesta nada dicen por ahí, pero habemos personas que creemos que soñar cuesta demasiado, quizás cuantas neuronas deben trabajar para que podamos recrear una simple imagen. Habemos personas que creemos que pensar y soñar es lo mismo. Podemos pensar en personas, animales o cosas solo recordando. Recordar es, a veces, tan feliz, como tambien a veces tan triste. A veces pienso que me gusta recordar las cosas tristes, no por una suerte de pseudo-masoquismo, sino que por el solo hecho de tenerlas presentes. Pero odio a más no poder, que el recordar se abalance sobre el presente, viviendo en presente experiencias pasadas. Desviandome aún más de lo que realmente quería escribir, ya no sé que hacer, cosa no tan curiosa, ya que siempre que escribo es porque no sé para donde se dirige mi vida. Hoy un tipo desconocido que conocía hace 1 mes aproximadamente, me preguntó que qué era el sufrimiento, y dije tontamente que dependía, de si era física o emocionalmente.